Presas iraníes, la sombra del Mundial de Alemania 2011


La celebración de una competencia internacional femenina, como lo es un Mundial de fútbol, habla de una evolución humana, de un crecimiento conjunto a nivel deportivo, social y cultural. Sin embargo, en tiempos modernos, existen países donde la religión y sus fieles juegan un papel cuestionable con respecto a los derechos humanos y a los derechos de la mujer.

La cita ecuménica, llevada a cabo en Alemania, se vio afectada por hechos políticos que involucraron a destacadas personalidades iraníes, encarceladas por su intención de participar como comunicadoras en el evento deportivo. Todas ellas, activistas y defensoras de los derechos de la mujer.

Dentro de un marco festivo, la mancha, la sombra fue, sin dudas, el atropello a la libertad y la detención de las mujeres iraníes que se disponían a formar parte de la Copa del Mundo. Sin siquiera poder viajar hasta el país germano, fueron llevadas directamente al calabozo de los presos políticos iraníes, Evin.

Mientras en ciudades alemanas como Berlín y Wolfsburgo se esperaba con ansia y expectativa la sexta edición de la competencia internacional más importante de fútbol femenino, en Teherán, enorme urbe de 14 millones de habitantes -el Irán en miniatura según los iraníes-, eran encarceladas la actriz Pegah Ahangarani y la periodista deportiva Maryam Majd.

Ahangarani ya había sido detenida en 2009 por la Guardia Revolucionaria Iraní.

Persecuciones, secuestros y detenciones son comunes en un régimen dictatorial y autoritario como el iraní. Con procedimientos similares a los utilizados en Argentina en tiempos oscuros, agentes del gobierno, escudados bajo el nombre de Guardia Revolucionaria, revisan las casas de las activistas femeninas, amenazan a sus familias, retienen sus pasaportes, las espían y les prohíben la salida del país, si así lo consideran necesario.

La joven actriz Ahangarani, antes de su detención, había acordado con la cadena alemana Deutsche Welle asistir a los partidos y trabajar para un blog durante el torneo mundial. Sin embargo, el 10 de junio, dieciséis días previos al inicio del cotejo, fue arrestada en su casa y trasladada hasta la prisión ubicada en Teherán. Este no fue el primer choque de la artista con las autoridades iraníes, ya que en mayo su pasaporte había sido confiscado para impedir su presencia en el festival de Cannes y en el 2009 también fue detenida por su apoyo al candidato de la oposición Mir-Hossein Mousavi.

Por su parte, Majd, una de las pocas fotógrafas iraníes especializadas en deportes, tenía previsto viajar a Alemania para realizar un álbum sobre el Mundial. Pero nunca llegó a cumplir su tarea, debido al secuestro y posterior encarcelamiento. A pesar de los pedidos de la ex jugadora del equipo teutón Landers Petra, colaboradora del proyecto a realizar, las fuerzas iraníes no dieron marcha atrás y llevaron a la reportera a Evin. La fotoperiodista de 25 años, miembro de una campaña que apoya la presencia femenina en los complejos deportivos, fue apresada el 16 de junio, con la imposibilidad de viajar a la sede mundialista.

En libertad. La reportera Majd posa y a sus espaldas, el Azadi Stadium, ubicado al oeste de Teherán.

Luego de las intervenciones de Reporteros Sin Fronteras, del gobierno de Berlín, de la FIFA y de organizaciones defensoras de los derechos humanos, Ahangarani y Majd fueron liberadas bajo fianza y pusieron fin al suplicio.

En la actualidad, la relación del país islámico con el fútbol femenino es distante, ya que los partidos del exterior no son transmitidos debido a que los equipos extranjeros no cumplen con los cánones de vestimenta que el régimen impone a las mujeres y fue por ese mismo motivo que la FIFA le prohibió la participación del Mundial a la selección de Irán.

En un marco de legalidad iraní, muchas de estas mujeres, que defienden nada más y nada menos que sus derechos,  son culpadas bajo los cargos de propaganda antigubernamental, insulto a lo sagrado, acciones contra la seguridad nacional, colaboración con organizaciones hostiles a la revolución, insulto al Profeta, revelación contra Dios, todos “delitos” castigados con la pena de muerte.

Luchadoras incesantes, defensoras de sus derechos. Ellas son iraníes. Culpables de pensar, de expresarse, de ser. Nacieron, crecieron y se formaron en un lugar dónde sus derechos fueron y son, constantemente, pisoteados. Sin embargo, se niegan, se resisten, se rebelan y se alzan en contra del régimen que las humilla y las maltrata. Dignas de ser admiradas, son mujeres que cada día emprenden una nueva travesía: desafiar los límites impuestos por la cultura, la religión y la sociedad.

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Acerca de cosasdechicas2011

Estudiante de periodismo en el Instituto de Periodismo Deportivo, Deportea. Sanjuanina residente en Capital Federal. Amante de la actividad deportiva y del mundo que encierra dicha pasión.
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